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La banalidad de una guerra y sus víctimas silenciosas

The banality of a war and its silent victims

http://orcid.org/0000-0001-5969-5730 Yolanda Susana Celi Garcés 1
Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador

La banalidad de una guerra y sus víctimas silenciosas

Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, núm. 24, 2018

Universidad Politécnica Salesiana

Recepción: 29 Mayo 2017

Aprobación: 15 Septiembre 2017

Publicación: 08 Enero 2018

Resumen: Generalmente la guerra ha sido vista como la partera de todas las desgracias, catástrofes sociales, miseria y otros calificativos más. Y desde luego que es así, no obstante, el problema de la guerra es el problema del poder. La historia de la humanidad se ha develado bajo esos parámetros, la lucha por el poder, y la conquista de éste solo ha sido posible en la medida que un país, una sociedad, un pueblo o una clase en particular desplacen a la otra en la detención del poder y genere las condiciones objetivas y subjetivas para poder ejercitarlo. No hay un referente histórico que evidencie esta conquista por otra vía que no sea la de la violencia, la misma que nos pone de frente a dos interpretaciones que nos refieren los clásicos del marxismo: las guerras justas y las guerras injustas. No queda fuera de los vorágines de esta, la educación y sus centros educativos, que han sido afectados de igual forma, afectando, aún más, a los más débiles, dejando sin educación o simplemente haciéndolos parte de sus filas de armas, como un combatiente más de lo que desconoce. Los argumentos para convocar a los pueblos a asistir a esa tragedia son variados. En los últimos años se ha redoblado el esfuerzo por retomar con fuerza el discurso religioso como el banal argumento para desatar la guerra en pos de una nueva repartición del mundo, dejando de lado cualquier tipo de intervención, lo poco que se hace no afecta, pero tampoco ayuda.

Palabras clave: Guerra, poder, acción humana, religión, repartición del mundo, educación.

Abstract: Generally, the war has been seen as the midwife of every misfortune, social disasters, poverty, analfabet and other epithets more. And of course it is, however, the problem of war is the question of power. The Story of Mankind has been revealed under those parameters, the struggle for power, and the conquest of this has only been possible as a country, a society, a people or a particular class moves to the other in the stopping power and generate objective and subjective conditions to exercise it. There is no historical reference evidencing this conquest by other means other than violence, it puts us in front of two interpretations we refer the Marxist classics: just wars and unjust wars. It is not outside the voragines of this, education and its educational centers, which have been affected in the same way, affecting, even more, the weakest, leaving without education or simply making them part of their arms ranks, as a combatant more than he does not know. It is not outside the voragines of this, education and its educational centers, which have been affected in the same way, affecting, even more, the weakest, leaving without education or simply making them part of their arms ranks, as a combatant more than he does not know. Arguments to convene people to attend this tragedy are varied. In recent years it has redoubled its efforts to retake strongly religious discourse as banal argument to wage war in pursuit of a new division of the world, leaving aside any type of intervention, the little that is done does not affect, but it does not help either.

Keywords: War, power, human action, religion, world, education.

Forma sugerida de citar:

Celi G., Yolanda (2018). La banalidad de una guerra y sus víctimas silenciosas. Sophia, colección de Filosofía de la Educación, 24(1), pp. 265-290

Introducción

Un imaginario social colectivo nos haría pensar que es un deseo de la humanidad que las guerras terminen y sean borradas de la faz de la tierra como instrumentos que dirimen las distintas contradicciones que genera el movimiento social, y sobre todo, que sea por ese medio se resuelva la lucha por el poder. Pero desgraciadamente no pasa de eso, de un imaginario, de una ilusión que si bien es cierto puede ser contrastada con todo lo que ha generado en pérdidas de vida, mutaciones, destrucción, desplazamientos, sigue siendo un argumento que no tiene peso para negarla, para neutralizarla.

Los millones de indígenas cruelmente asesinados en el proceso de colonización de América. Otros tantos e innumerables millones de muertos que ocasionaron las guerras independistas en el mundo en contra del vasallaje esclavista y colonial. Las revoluciones democráticas y la lucha en contra de los regímenes feudales, monárquicos, que dieron forma, entre otros, a las “luchas religiosas” (cruzadas) 1 como argumentos para el sostenimiento de sus conquistas territoriales. La Primera Guerra Mundial a la que se le endosa la muerte de aproximadamente 40 millones de personas, la Segunda Guerra Mundial que aportó a esta tétrica cuantía 50 millones de víctimas, “el doble o triple de heridos y otros 50 millones de desplazados forzosos o deportados” (Shagún, 2014).

En la actualidad, no menos desgarrador y frustrante la situación de 28 millones de niños que no pueden educarse por culpa de la guerra: el atentando de Malala; los 132 niños muertos en Pehamar; el secuestro de niñas nigerianas por Boko Haram; los ninos que son entrenados para la guerra, entre otros. Datos alarmantes de Goron Brown, enviado especial de las Naciones Unidas a la Conferencia Internacional celebrada el Oslo, denuncia, además, que los centros educativos sirven como bodegas de almacenaje de armas, municiones, entre otros, menos, para lo cual fueron creadas para educar, dar esperanza y aprendizajes.

El sumario de víctimas no deja de ser interminable. Las revoluciones o luchas armadas en Asia, Oriente, Latinoamérica, la Guerra Fría, el sostenido conflicto de Levante, Magreb, países árabes y el Golfo, y qué decir de esa otra guerra que genera más muertes aún y a la cual la revestimos bajo eufemismos como las pestes, enfermedades, la miseria. Instrumentos políticos cruentos que han marcado la dinámica de las sociedades en el mundo, conjeturando de manera absurda, que las guerras son inevitables y necesarias. Seudoteorías fuera de lógica que también piensa que la educación no es significativa y que los niños sean soldados de la guerra, más no constructores de su propio futuro. Conflicto que afecta a cada uno de los individuos en diferentes aspectos y contextos de su vida.

Sin pretender hacer apología de la violencia, sin que se manifieste estar de acuerdo con los conflictos armados, se puede sostener que la violencia, los conflictos, las guerras son entendibles desde el libreto social y del movimiento histórico. Hay que comprender su naturaleza desde la espíteme del opresor, subyugador como también del oprimido, del subyugado, mucho más cuando su interpretación se escapa al imaginario idealista de la paz y lo plantea desde la realidad concreta, objetiva, desde las dos visiones o puntos que precisamente esgrime Mao Tse-tung, las guerras pueden tener un aspecto justo y otro injusto y la justeza de su naturaleza las vuelve justificables históricamente, pero sin convertir las escuelas en lugares de miedo.

La historia demuestra que las guerras se dividen en dos clases: las justas y las injustas. Todas las guerras progresistas son justas, y todas las que impiden el progreso son injustas. En cuanto a las guerras injustas, la Primera Guerra Mundial es un caso en que ambos bandos pelearon por intereses imperialistas; por lo tanto, los comunistas del mundo entero se opusieron resueltamente a ella. La forma de combatir una guerra de este tipo es hacer cuanto se pueda por prevenirla antes de que estalle y, si llega a estallar, oponer la guerra a la guerra, oponer la guerra justa a la guerra injusta, siempre que ello sea posible (MaoTse-tung, 1976).

Desde luego que han existido esfuerzos por realizar cambios o transiciones pacíficas. El pacifismo ha sido también una corriente que permanentemente ha estado activa, no solo por definición, sino como un movimiento dinámico y que ha tenido sus representantes emblemáticos como Mahatma Gandhi 2 o Martin Luther King, entre otros muchos. Más allá de la propuesta teórica, metodológica, de su dinámica, sus esfuerzos quedaron anclados en el reformismo, en las reestructuraciones que devinieron en eclecticismos económicos, políticos, en verdaderos híbridos sociales que, en final de cuentas, solo lograron conciliar a unos y a otros, sentar en la mesa a opresores y a oprimidos sin que se resuelvan las contradicciones fundamentales al interior de las sociedades donde ha sido aplicado. Las soluciones no existen, el hambre por el poder, por su lado, persiste, no hay trascendencia, sigue la guerra, sigue incrementándose el analfabetismo mediático en todos sus niveles y edades. Según el informe ‘Lecciones de la Guerra 2015’, grupos armados y fuerzas militares han atacado a miles de niños, profesores e instituciones educativas en los últimos cinco años. En Birmania, la etnia rohingya, minoría que es perseguida, hoy en día, por disturbios interreligiosos en donde los niños y mujeres son sus mayores víctimas. La guerra depredadora de conciencia, de inocencia.

Claro, una visión subjetiva del pacifismo nos lleva a esgrimirlo como “la clave de la ‘revolución silenciosa” (Ruiz, 2006) sin comprender que las revoluciones demandan, necesaria e inevitablemente, de una estridente violencia que rebasando a la reforma crea las condiciones para nuevas formas de producción, de organización social, de estructura de poder y con ellas, una nueva forma de vida.

La guerra y algunos argumentos conceptuales

La guerra no nos ha sido ajena en ningún pasaje del devenir histórico de la humanidad. Manifiesta en sus primeras formas como violencia por la defensa territorial, clanes, tribus, pueblos y otros, devino con más fuerza con el aparecimiento de la propiedad privada y con ella de las clases. “es la forma más alta de lucha para resolver las contradicciones entre clases, naciones, Estados o grupos políticos, cuando estas contradicciones han llegado a una determinada etapa de su desarrollo” (Tse-tung, 1968, p. 195).

Hay muchos conceptos sobre la guerra, pero sin lugar a dudas el que emitió oportunamente el general Karl Von Clausewitz 3 resulta objetivo y se ciñe a una correcta interpretación de cómo, en qué condiciones y con qué objetivos se presentan. Quizá la acepción más conocida sea aquella que sostiene que la “guerra es la continuación de la política por otros medios”, es decir, al definir el carácter político de la guerra como política, le otorga fundamentos sociales y en ellos, intereses ajustados íntimamente a su naturaleza de clase, nación o grupo en particular. El filósofo latinoamericano, Lora Cam, sostenía que “la política es el conjunto de actitudes teórico-prácticas, mediante las cuales, las clases sociales expresan sus intereses –particularmente económicos- frente a sí y especialmente frente al estado” (1988, p. 28) y si se analiza bajo esta premisa conceptual, esta vendría a constituirse en un acto cruento que refleja los intereses particularmente económicos de los individuos, fácil de deducir esta ilógica idea de aquellos que son dueños de la producción o pretenden serlo a costo de la toma de vidas inocentes, de la mutilación de la libertad consiente de los seres humanos, de realizar actos coercitivos contra los niños, no solamente en aspectos violentos, sino también en el ámbito educativo, pues les es imposible establecerse y poder crecer y educarse. Las prioridades de unos no son las urgencias de los otros.

Al criterio o concepto de Calusewitz se suma el de Mao Tse-tung para quien la guerra es entendida como continuación de la política y es en sí misma una acción política. No ha habido jamás, desde los tiempos antiguos, ninguna guerra que no tuviese un carácter político.

Está claro que la guerra no es una expresión política, por el contrario, por sí misma es política, entonces podemos entender que si en la época o modo de producción esclavista, la guerra necesariamente tenía que orbitar en torno a los intereses de los señores, amos y los esclavistas. Aquí la figura se presentó en relación a guerras por sostener ese tipo de régimen opresor, y, obviamente, estas guerras “justas” para quienes detentaban el poder se evidenciaban injustas para los esclavos; las guerras que emprendían los esclavos por conquistar su manumisión siempre iban a tener el grado de justeza por sus objetivos y lógicamente, injustas para sus adversarios, pues es por estos medios que ellos –los esclavistas- perdían el poder y con él su instrumentación política, social y sobre todo económica.

Sobre el mismo tenor, no diferente en la época de la feudalidad. Si quienes sostenían ese sistema de explotación y de concentración era básicamente sacerdotes y demás sectores ligados a la religión, está claro que sus guerras de rapiña tenían el mismo argumento, el sostenimiento de relaciones de producción que ayuden a detentar la gran propiedad de la tierra, y si, para eso había la necesidad de ser pragmáticos, pues bien, la religión se constituía en un buen “argumento” para arrastrar a las masas a vivir la ilusión mesiánica para encubrir los intereses por generar colonias, expandir territorios. Mientras que la plebe emprendía, con leve pretensión, sus guerras de liberación democráticas procurando liberar las fuerzas productivas y avanzar en la tarea de concretar la figura del estado-nación.

Esos son los antagonismos y algunos aspectos que devienen de ellos. No siempre las guerras han sido negativas, pues basta echar una mirada en la historia para darnos cuenta que sin ellas la emancipación de los esclavos hubiese sido una ilusión. Que la Independencia de nuestros pueblos no se habría concretado, que la sociedad en sí no habría podido evolucionar, que la rapiña imperialista no haya sido detenida en sus pretensiones de generar guerras parta materializar sus propósitos.

Claro, esto no niega, que la guerra al ser un acto político y con ella un vehículo para conquistar o defender intereses, ésta haya tenido otros matices, las libertades o la conquista de mercados, de territorios con potencialidades en materia prima. La limpieza social para la evacuación forzada de pueblos y el posicionamiento de otros que sean más afables a los intereses de la potencias. Clausewitz insiste, profundiza en el argumento, le otorga a la guerra ser un instrumento poco menos que una trivialidad dotada de cierta naturalidad que no es no debe ser ajena a los seres humanos. Mientras que en la Convención de Ginebra (marzo, 2011) hace énfasis en como los conflictos armados, los niños y los jóvenes, han sido los más afectados dada su vulnerabilidad, los jóvenes pasan de ser víctimas a victimarios, sus opciones se merman y reducen a ser parte de esta devastación mundial que desintegra a la familia y la deja sin apoyo para enfrentar estas adversidades. Impacto mortífero, silencioso que afectan e impactan sobre las proyecciones de vida.

Desde esa perspectiva la guerra no puede ser observada solo desde un ángulo: la destrucción, es importante analizarla desde el matiz dialéctico, sin destrucción no hay construcción, solo así se erige lo nuevo. En todos los escenarios la guerra pretende imposición de intereses, de voluntades. “la guerra es pues un acto de fuerza para obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad” (Causewitz, 1991, p. 3). El problema aquí es de qué lado de la fuerza y de la voluntad estamos.

Las guerras “religiosas”

Si nos ajustamos al criterio emitido por Aristóteles sobre el zoon politikon, “el hombre es un animal político” podemos también sostener que toda actividad humana es política. Más aún, cuando al concepto de política le damos su justa dimensión como a la expresión de los intereses de grupos, países, clases. Si la guerra es política, se puede firmar que la religión también lo es.

El problema se presenta cuando alguien pretende o intenciona “argumentar” una guerra o un conflicto desde la perspectiva de la religión descarnada de la política. Existen muchos referentes históricos sobre el carácter “religioso” de las guerras. La reconquista de España. De hecho, la colonización de América por parte de España tenía el argumento civilizador, entendido esto como cristianizar a los indígenas. Las cruzadas, la conquista musulmana, las guerras religiosas en Francia 4 , y hoy en día, los conflictos de Medio Oriente.

Una guerra religiosa es simple de definir —es una guerra reconocida como tal y que tiene como causa central a la religión. Se trata de una manifestación violenta entre partes que sostienen diferentes posturas religiosas y que pretenden ser solucionadas por medios violentos. Es una discusión religiosa que se lleva a otro plano (Girondella, 2008). No obstante lo que cita Girondella, es evidente que no resulta “simple” definir qué es una guerra religiosa, pues se simplifica a un acto religioso, de “posturas”. Puede ser que la cita no sea la más elocuente pero siempre resultaba importante enunciarla por cuanto conceptúa de una manera clara, sencilla y directa un precepto sobre las guerras religiosas. Desde luego, los hay más elaborados, pero recaen sobre la misma base de la cita en mención que alimenta –conceptualmente- concepciones erradas que son reproducidas cotidianamente en los noticieros internacionales. La religión como causa de conflictos.

“Con este signo vencerás” aseguraba el emperador Constantino I, El Grande (Flavio Valerio Aurelio Constantino) a sus fieles combatientes quienes se pertrechaban de estandartes donde resaltaba la cruz de Cristo, la misma que también era reproducida en los escudos de los soldados como signo de inmortalidad.

Desde luego que la famosa consigna era un “regalo de la divinidad”: “Según la tradición recogida por Eusebio de Nicomedia, el día anterior a la batalla del puente Milvio, Constantino vio en el cielo una señal: una cruz acompañada de la leyenda in hoc signo vinces (con este signo vencerás)” (biografíasyvidas, 2014). Obviamente, la expansión del imperio Romano hacia occidente y con ella del cristianismo no fue obra de los mortales, para el caso de Constantino, sino “obra de dios”, que sin su ayuda, protección y sobre todo su voluntad 5 era improbable que los éxitos se den.

Lo que no dicen sobre las campañas de Constantino o de otras campañas militares de los cristianos y posteriormente los católicos es que bajo las consignas y objetivos religiosos imperaba la necesidad del expansionismo territorial, con él, el comercio de mercancías, tráfico de esclavos, tierras fértiles y desde luego, el fortalecimiento económico, productivo, social, político y militar del imperio. Es probable que uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia de las “guerras religiosas” sean las cruzadas, puesto que aquí podemos evidenciar de manera palmaria el comportamiento de dos actores fundamentales: la Iglesia Católica y los musulmanes. El “desate” de la furia del “dios católico” en contra de los moros 6 sólo podía explicarse bajo la lógica solapada de la Iglesia Católica de ese imperativo por combatir al mal, a los infieles, a los pecaminosos musulmanes que, a decir de la iglesia, pretendía expandir su herejía por todo el mundo. El salvataje de la “religión buena” de las garras de la “religión mala” generó tres cruzadas entre los siglos XI y XIII.

El caudillaje a la educación no está exento de estas llamadas guerras religiosas. La legitimación del sistema político ha tomado siempre como su recurso a priori a la educación y por medio de esta la trasmisión de valores, ideologías (en algún momento), de conocimientos, eran su fundamentación; pero también como parte de la realidad palpable, elocuente, se sabe que sopesa más el interés de dominar este espacio por parte de los grupos de poder, pues el elemento cultural de religión es clave en los centros educativos intentando sea el canal para que cada cultura pueda diferenciarse de las demás. Surge el conflicto, lo excluyente se tornó en las sangrientas guerras de religión.

Es que el poder, la política, no mide sus espacio de expansión, toma lo que quiere de cualquier forma, la religión va por el mismo sendero, so pretexto de sus creencias culturales ha matado a millones de personas y ha dejado sin hogar a otros tantos. El poder político-religioso-cultural, es hoy en día el asesino más violento.

El expansionismo islámico en Oriente y que con mucha decisión se propagó hasta occidente, hasta llegar al seno mismo del catolicismo, generó una “natural” reacción de éstos por combatirlos. Los argumentos para la guerra, el cristianismo y el catolicismo ya no lo tenían únicamente en la Biblia, sino también el desarrollo del episteme teologista cuya doctrina de guerra apoyada en la fe católica tenía un objetivo claro: la defensa de los territorios conquistados a sangre y fuego por la iglesia, territorios que jugaron un rol determinante en la construcción del poder colonial, el sostenimiento de las rutas comerciales en la edad media y posteriormente el fortalecimiento de la construcción capitalista de Europa.

De “otro lado” el mundo islámico apuntaló su esfuerzo conquistador por varios frentes. Hay que recordar la campaña de los selyúcidas 7 en el Próximo oriente, la conquista de éstos a Siria y Palestina. La invasión turca. El poder expansionista del imperio bizantino. El poder islámico no solo llegó a conquistar territorios en España, sino que tuvieron también la capacidad de llegar al centro de Francia en el siglo VIII. Es decir hasta el siglo XI, los musulmanes habían conquistado dos terceras partes de los territorios que pertenecían a los cristianos y a la Iglesia Católica: Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, lugar donde nace el cristianismo monástico. Asia Menor, donde San Pablo generó las bases de las primeras comunidades cristianas.

Con el despliegue musulmán se construyeron imperios, califatos, un corredor comercial que tuvo la capacidad de tomarse los mercados de “occidente”. Es decir ni el Dios cristiano ni Allah (Alá) musulmán “estuvieron jamás en guerra”, la puja terrenal por territorios, mercancías, materia prima, esclavos, comercio, puertos, poder político fueron los argumentos centrales de las castas, grupos de poder, oligarquías, clases, naciones. Desde luego que los cristianos, católicos y musulmanes no han sido los únicos que han esgrimido las tesis de la religión para emprender con sus campañas militares con fundamento eminentemente económico, sino muchas otras se han desenvuelto bajo los mismos parámetros. Pero hay una en particular que ha sido notoria y que pervive con mucha fuerza y dinamismo, la religión judía.

Sin que sea propósito de este ejercicio analizar las religiones, sus orígenes y otros, cuando nos centramos sobre el tema “judío” lo hacemos pensando en el ir y venir de un pueblo aupado religiosamente por sus concepciones también fundamentalistas y abocado en la tarea que han tenido muchísimos otros pueblos o nacionalidades en el mundo: concretar la figura del estado-nación. La no existencia de un espacio territorial en firme que viabilice la creación del estado de Israel hasta inicios del siglo pasado determinó, en gran medida, que sean los argumentos religiosos expuestos en el antiguo testamento.

…la justificación para reivindicar la legitimidad de la instalación del Estado de Israel en territorio palestino, se halla en la “Biblia y la historia”. Se basa fundamentalmente en la consideración de Palestina como su “patria histórica” fundada en la “promesa” del Mesías al pueblo judío. Por supuesto que históricamente, esta pretensión es infundada: los reinos judíos de David y Salomón, duraron setenta y tres años e incluso si se considera como independiente la entera historia de los antiguos reinos judíos, desde la conquista de Canaán por David en 1000 a. C. hasta la erradicación de Judea en 586 a. C, llegamos a un régimen judío de sólo 414 años. Los reinos judíos no fueron más que uno de los muchos períodos en la historia de la antigua Palestina (Cerio, 2014, p. 54)..

“La tierra prometida”, las decisiones de “Dios”, la voluntad de los hombres o sencillamente la necesidad de contar con un territorio, cualquier argumento resulta bueno, aplicable y de hecho, hasta válido. Y si las motivaciones argumentales son religiosas, pues es obvio que bajo esa premisa la capacidad de convocatoria y movilización de los fieles a las cruzadas por la conquista de territorios, mercados, valoraciones estratégicas y otros son importantes, incidentales, y hasta determinantes.

Y la historia de las “guerras religiosas” no quedaron ancladas en los siglos que van desde el VII hasta el siglo XIX, de ninguna manera, hoy en pleno siglo XXI aún seguimos confrontando la guerra, y como se ha venido sosteniendo, no solo bajo el argumento de la lucha en contra del Eje del Mal, o en contra del terrorismo, las drogas, las guerrillas, sino perviven las luchas con banales argumentos religiosos como los que se pretende levantar en Siria, Irak, Irán, Turquía, Afganistán y otros, ¡la lucha por imponer el islam! que también imposibilita, hasta el día de hoy, a los más jóvenes a concurrir a las escuelas por temor a la represión o a la misma muerte o destrucción de los centros educativos masacres, por ejemplo en Siria, según datos de la Unesco, refleja que aproximadamente 2,6 millones de niños no pueden acudir a la escuela. Estudiar, también se convirtió en un pecado.

Los talibanes atacan escuelas -especialmente de niñas- y amenazan a las profesoras, mientras el gobierno paquistaní mira hacia otro lado, ante la imposibilidad de poder controlar a los grupos islamistas radicales. Entre 2010 y 2013, un total de 839 escuelas, 81 de ellas sólo el año pasado, fueron destruidas en la provincia de Khiber Pakhtunkha (KPK). La tasa de alfabetismo se sitúa en el 16 por ciento en esa provincia y en las áreas tribales FATA, frente al 47 por ciento de media en el resto de Pakistán (Bonet, 2013, p. 54).

Los niños y los jóvenes aparecen como los objetivos humanos más frágiles, los argumentos religiosos no tienen cabida cuando el conflicto ocasiona vulnerabilidad, destrucción, exposición. Al no tener educación son reclutados forzadamente para dar continuidad a lo absurdo. Y los que han podido migrar a países que losan acogido como, Turquía, Líbano, Jordania, Egipto, la capacidad de la escuelas no puede enfrentar y solucionar el problema.

La capacidad de las escuelas excede el aluvión de nuevos alumnos, pues se ven en la necesidad de incrementar el transporte y el material escolar, mientras que en otras ocasiones las diferencias curriculares y de idioma son un obstáculo para unas escuelas ya de por sí, frágiles. (Izquierdo, 2015, p. 3).

No hay salida, las esperanzas quedan entre un engranaje que no termina, solamente se dilata, se extiende y la situación sigue su rumbo hacia el olvido, es que la guerra religiosa, la guerra política, la medicación no existente, deja al borde del abismo a todos aquellos que podrían ser el eje del cambio, de una transformación que busque la libertad de ser y poder hacer.

El tiroteo que sufrió Malala en Pakistán ha tenido una resonancia mundial, pero desgraciadamente no es sino una lamentable y habitual práctica. En noviembre de 2014 murieron 11 niños en el ataque a la escuela de Qqboun, al este de Damasco; en Afghanistán los grupos rebeldes atacan regularmente las escuelas de forma deliberada habiéndose registrado más de 613 incidentes en 2009. En 2010 unas 450 escuelas de este país tuvieron que cerrarse por falta de seguridad y 74 niños murieron como consecuencias de los ataques suicidas y explosivos colocados deliberadamente en el trayecto recorrido por niñas que iban a la escuela; en el marco del conflicto palestino-israelí, las ofensivas militares israelíes causaron destrozos en 280 escuelas entre 2008 y 2009; en Tailandia, escuelas y maestros se han convertido en blanco de ataques en el extremo sur del país; en Pakistán, los grupos insurgentes que operan en el noroeste han atacado escuelas primarias y secundarias para niñas. En una de esas agresiones resultaron heridas 95 niñas que salían de la escuela; en India, los grupos naxalitas han atacado sistemáticamente los centros escolares de Chhattisgarh con el objetivo de debilitar las infraestructuras gubernamentales; en Yemen las 725 escuelas del distrito meridional de Saada tuvieron que permanecer cerradas durante los combates de 2009 y 2010 y resultaron destruidas más de 200 centros educativos13; en el norte de Nigeria, Boko Haram ha incendiado más de 300 escuelas desde 2012; en Donestsk murieron diez personas en el bombardeo a una escuela en octubre de 2014 y la crisis de Gaza de 2014 destruyó al menos siete escuelas de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos y causó daños en un total de 134 escuelas. (Izquierdo, 2015, p. 6).

La deficiente protección, pone en evidencia que la escuela es el último lugar al cual la ayuda humanitaria puede llegar, muchos organismos se enfocan más en que estos pueden ser la “propagación” de ideologías violentas y por ende la radicalización de la violencia se fomentaría, la tendencia de atender a los refugiados, para salvar vidas, es la prioridad. Dicotomía del proceder humano lógica. Sin vida no hay esperanzas de cambio.

La guerra no se vino sola, no solo trajo violencia, como le hemos mencionado, no solo es historia de poder, es una recalcitrante realidad de lo que los pueblos han tenido que vivir y siguen en la lucha por sobrevivir, ya lo demás quedo en tercer plano, no hay prioridades más que la de mantenerse en pie. Entonces, que podríamos esperar de poder crear espacios válidos, seguros para quienes fueron despojados de su libertad, de su poder de elegir, de su voluntad de hacer algo disímil a lo que están viviendo. Difícilmente podrían aflorar, ya son parte delas cifras no de los proyectos.

El estado islámico de Irak y Levante. La tercera vía

Cuando en 1979 se materializa el esfuerzo por concretar la revolución democrática burguesa en Irán, lo hacen precisamente enarbolando una “nueva bandera ideológica,” el islamismo. Es un hecho que la religión, quienes la practican o la dirigen pueden asumir una posición ideológica de frente a los fenómenos y movimiento social empero la religión por sí misma no es una ideología.

La instrumentación de la religión con determinado interés político a lo largo de la historia ha conducido que quienes ejercitan el poder traten de reproducir “esa religión” en la medida que le sea útil a sus intereses políticos y en ellos económicos e ideológicos. Cuando se produce la revolución iraní colateralmente también se desarrollaban otro tipo de conflictos internacionales que generaron en el Golfo Pérsico y los países árabes, mucha inestabilidad cuyos fundamentos los encontramos en la bipolaridad mundial evidenciada en el conflicto EEUU-URSS, el despliegue militar de Israel en la región, la lucha por el petróleo, las áreas estratégicas, mercados, entre otros.

Estos elementos incidentales en la política interna de Irán no solo se mostraban como contradicciones generadas por la convergencia de los intereses políticos de las grandes potencias, sino que generó un sentimiento nacionalista que poco a poco fue consolidándose como una “tercera vía”, es decir, en el mundo islámico, fundamentalmente en los países y pueblos que enarbolan las tesis chiíes se generó cierta animadversión a las tesis marxistas de la URSS. ¿Los argumentos?, desde luego, en primera instancia pasaban por el filtro de El Corán y su fundamento religioso: los marxistas no, son ateos, enemigos de Dios. Pero en verdad lo que había de por medio era cierta resistencia a los comunistas porque quienes impulsaban al revolución democrática en Irán no era el proletariado, ya que éste era casi inexistente o muy limitado no solo numéricamente, sino en su capacidad de convocatoria y organización y quiénes sí la fomentaron, organizaron y ejecutaron fue la burguesía en ascenso, aquella que era constreñida por las políticas monopolistas y pro estadounidenses del Shá Reza Pahlavi 8 .

La concordancia en manifestar esto tiene que ver con el programa político de los comunistas. Si ellos hubiesen impulsado la revolución, automáticamente Irán pasaba a ser un apéndice de la URSS en la región, y no solo eso, el ideario colocaba a la gran burguesía e inclusive a la mediana burguesía de frente a un conflicto de intereses pues era casi un hecho que con la dirección comunista del proceso revolucionario se venía la confiscación de la mediana y gran propiedad y medios de producción. Ante eso debían “vacunarse” y la burguesía nacional asumió la dirección del proceso. Entonces neutralizar a los comunistas que atentaban contra los intereses de la burguesía podía tener mejor argumento: la religión.

El Shá Reza Pahlavi hasta antes de la revolución iraní se “encargó” de la aniquilación del Partido Comunista de Irán. En 1962 bajo anuencia estadounidense y bajo el furor de la Guerra Fría impulsó lo que denominaban la “Revolución Blanca”, que no pasaba de ser sino una reforma burgués que no requería el “derramamiento de sangre” para poder materializarla. Claro, ere el argumento, sobre el hechos lo que hicieron fue desatar una campaña represiva sin parangón que apuntó básicamente a dos objetivos, comunistas del Partido Comunista de Irán (conocido también como Thude) y jóvenes democráticos que clamaban cambios, revolución.

Al igual que en otros lugares del mundo donde ciertos elementos del clero se identificaban con las luchas populares (Latinoamérica, la Teología de la Liberación, curas guerrilleros o dirigentes de los movimientos revolucionarios desde la perspectiva del catolicismo), en Irán los curas, shiek´s, ayatolas, mulás y otros también se comprometieron con el proceso revolucionario en 1979, pero por su propia naturaleza ideológica, si bien es cierto argumentaban posiciones revolucionarias democráticas y antiimperialistas, lejos estaban de la corriente comunista. Con el triunfo de la revolución iraní no solo que se “saldaron cuentas” con los antiguos aliados de los EEUU y del gobierno del Sha, sino que se dio continuidad a la persecución de comunistas que hoy en día viven en el exilio.

Entonces tenemos revolucionarios democráticos y ligados al clero. No pretender nada con comunistas o la órbita soviética era un aspecto de sus necesidades como representantes de una clase, pero aliarse o alinearse con los EEUU o la esfera “occidental” tampoco estaba en su ideario pues siempre se mostraron como sus enemigos, sus verdugos. Esto hay que analizarlo no solo dentro del contexto de las contradicciones internacionales sino internas. Los monopolios manejados por los clanes del Sha constreñían el desarrollo de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía. Ésta no podía siquiera despegar, mucho menos consolidarse, vivía o producían bajo la sombra de las transnacionales y los monopolios. ¿Consecuencias?, un sentimiento antiimperialista y de liberación nacional por parte de la burguesía en acenso.

Del otro lado, los umalas sostenían un régimen feudal (ni siquiera semifeudal, sino feudal), ellos manejaban grandes latifundios y no solo eso, sino que reproducían feudalidad en el seno de sus relaciones de producción y que generaron un sentimiento rebelde, revolucionario de los pequeños campesino que eran asistidos políticamente (desde la religión) por los sheik´s o curas de pueblo quienes se aliaban a los campesinos pobres en contra de los terratenientes y en ellos a los jerarcas del islam. Estos elementos no diferentes a lo que pasaba en Latinoamérica, la Iglesia y sus mandatarios ligados al viejo poder gamonal-terrateniente y los curas de base en contradicciones con el alto clero pues estaban de la mano del pueblo, de los campesinos pobres.

Si no estaba con los comunistas y tampoco con los imperialistas, se ubicada en la “mitad”: ni con unos ni con otros. Entonces se fortalecen las tesis intermedias, eclécticas la misma que toma forma como la “tercera vía” cuya particularidad es que es asociada a la religión, de ahí que al Islam se le da una connotación ideológica que se supone está por sobre las dos ideologías mostradas o manifestadas por los clásicos del marxismo: la ideología burguesa y proletaria.

Si bien es cierto con anterioridad ya se genera un movimiento que plega a esta propuesta y que se supone guardaba cierta independencia de las dos potencias imperialistas de entonces EEUU y URSS como es el caso de Gamal Abdal Nasser (Egipto), Achmed Sukarno (Indonesia) y Josip Broz –Tito que dieron forma a la Organización de Países No alineados, no tuvieron la suficiente fuerza como para poder desarrollarse en condiciones que les permita consolidar posiciones ciertas, objetivas o de peso ante las potencias. Es ahí que solo la revolución iraní logra materializar esta ponencia en 1979 y proyectarla en Levante, el Magreb y otros países de la órbita árabe, tanto así que Muhammad Gadafi logra plasmar un importante ejercicio político de la “tercera vía” cuya síntesis teórica se la puede encontrar en el Libro verde de Gadafi 9 que sienta las bases de una tercera vía política y social (“tercera teoría universal”) frente al marxismo y al liberalismo capitalista. Una correcta comprensión de esta teoría “la tercera vía”, sin duda alguna, provee de mejores insumos paras entender el conflicto en medio oriente y en alguna medida el porqué de Al Qaeda, ISIS y el Ejercito Libre de Siria.

No se pretende analizar, justificar o cuestionar los métodos violentos, en la medida que la guerra por sí es cruenta, un objetivo de ésta, como ya se lo citaba a Causewitz, lo que pretende es imponer la voluntad de unos sobre otros, y que nadie, absolutamente nadie en la humanidad tiene la capacidad de “lanzar la primera piedra” para criticar la violencia de los adversarios cuando recientemente la humanidad asistía a una brutal agresión de Israel al pueblo Palestino generando iguales o peores horrores a los que hoy se vive en Siria e Irak.

Las pretensiones de crear el estado islámico (ISIS) en el siglo XXI y sus fundamentos

Hay varias tesis sobre los orígenes de Al Qaeda y los militantes del estado Islámico y al parecer todos los caminos conducen a los EEUU y a la CIA. Realizar una anatomía de estos grupos en verdad que resulta complejo, pues los hechos históricos que podríamos contextualizarlos desde el Afganistán controlado por la ex URSS hasta nuestros días han sido tan variantes y si se quiere, sorpresivo, que envuelve en sus concepciones y objetivos. Cuando se pretende buscar los orígenes de Al Qaeda necesariamente volvemos sobre los antagonismos EEUU-URSS, la Guerra Fría 10 y el solapado conflicto de estas dos potencias que utilizaron a otros países para realizar sus ejercicios de guerra no convencional.

En el régimen presidencial de Gerald Ford en EEUU –1974– manteniendo como secretario de Estado a Henry Kissinger fortaleció el trabajo de la CIA sobre la ex URSS y a sus gobiernos de incidencia.

En 1973 se produce en Afganistán un golpe de estado que da por terminado al régimen monárquico para dar paso a la república que inmediatamente tiene aproximación con los soviéticos, en quienes encontraron a su mejor “aliado estratégico”. Tan solo 5 años después Afganistán pasa a ejercitar un régimen seudo socialista pro soviético y obviamente se coloca en la lista de la CIA a ser neutralizado.

En 1978, el gobierno progresista de Taraki en Afganistán gestionó hasta sufrir la ira de los Estados Unidos debido a “su política económica igualitaria y colectivista”. El gobierno afgano fue principalmente visto en Occidente como “comunista” y por lo tanto, una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. El gobierno, llevó a cabo, sin embargo, políticas favorables y compromisos con la Unión Soviética, pero no era un gobierno comunista.

En 1978, cuando el nuevo gobierno llegó al poder, casi de inmediato Estados Unidos comenzó secretamente financiar a grupos rebeldes a través de la CIA. En 1979, Zbigniew Brzezinski trabajó de cerca con su ayudante de la CIA, Robert Gates (quien es actualmente Secretario de Defensa), en cambiar la política islámica del presidente Carter. Como Brzezinski, dijo en entrevista de 1998 con una publicación en Francia… (Marshall, 2014).

Ha sido histórica la participación de EEUU a través de la CIA en la organización de grupos terroristas que se “encarguen de hacer el trabajo sucio” en los países no afables a su sistema y que por el contrario se vuelvan un “dolor de cabeza” para su visión geopolítica. ¿Antecedentes?, muchos, la invasión de Bahía de Cochinos o “Playa Girón” en Cuba, 1961 realizada por mercenarios para “derrumbar” al régimen “comunista” de Castro. La organización de la “Contra” en Nicaragua sandinista, como los más conocidos en América Latina. Es decir, la organización de la resistencia armada en Afganistán en contra de los soviéticos que intervinieron como aliados del régimen afgano para colaborar en la lucha en contra de los rebeldes musulmanes no era algo nuevo para el mundo y mucho menos, mecanismos que puedan ser puestos en duda respecto de sus orígenes.

En 1986, la CIA respaldó un plan del ISI paquistaní “para contratar a personas de todo el mundo para unirse a la jihad afgana.” Subsecuentemente: Más de 100.000 militantes islámicos fueron entrenados en Pakistán entre 1986 especiales británicas] entrenando a los futuros Al-Qaida y el Talibán en la fabricación de bombas y otras artes negras. Sus líderes fueron entrenados en un campamento de la CIA en Virginia. Esto fue denominado Operación Ciclón y continuó mucho tiempo después de que los soviéticos se retiraron en 1989… (Marshall, 2014, p. 57).

Quizá lo que no entendió o no comprendió de manera clara la CIA y los EEUU, es que el patrocinio, organización y apoyo logístico a los talibanes 11 podía otorgarle un triunfo circunstancial en Afganistán, pero que éste, dada las concepciones de los musulmanes sustentados en la “tercera vía,” tarde o temprano se iban a ir en contra del occidente. Al respecto, lo demás es historia, el atentado a las “torres gemelas” y otros cientos de accione violentas más que refrendan la clara posición de “los islamitas” y sus propósitos.

Con la expulsión de la URSS de Afganistán y la re implementación de un régimen teocrático, es partir de aquí cuando se rediseña la estrategia de la “tercera vía” “musulmana” por desplegar esfuerzos de hacer del mundo islámico la alternativa de los pueblos al comunismo y al imperialismo capitalista.

Posteriormente, en el 2002 se produce una sólida alianza entre dos de los más connotados representantes de la “tercera vía” radicalizada: Osama Bin Laden y Abu Musab al-Zarqawi y dan paso a la formación de Tawhid wa al-Jihad. Cuyos objetivos básicos eran los de combatir a las tropas de ocupación estadounidense en Irak después de que éstos las invadieran para derrocar al régimen de Saddam Hussein e instaurar un régimen títere a las pretensiones de EEUU.

Esta organización pone un nuevo rostro a la lucha independista de los pueblos árabes y otros donde el islam es la religión oficial, sobre todo en aquellos donde la corriente sunní es la prevalente: el internacionalismo de la yihad 12 entendida no como la lucha por la defensa de la religión, del Islam, sino como la lucha en contra del imperialismo sea éste de la órbita occidental como oriental.

Con la desintegración de la URSS 13 a los yihadistas les quedaban dos escollos para poder materializar su nueva corriente económica, política y social: derrotar y destruir a sus enemigos que podían ubicárselos en los regímenes afables a occidente y obviamente, a todas las potencias imperialistas y capitalistas encabezadas por EEUU, Francia, Inglaterra –entre otras–.

La presencia de Al-Qaeda en Irak no fue derrotada. A pesar de que Obama gritara al mundo su triunfo militar y político con el asesinato de Osama Bin Laden (1 de mayo del 2011) y planteara la salida de las tropas estadounidenses de Irak:

El pasado 31 de agosto Obama había anunciado el fin de las operaciones de combate en Irak, y según el diario español El País, “solo 50 mil de los 144 mil soldados se quedarán hasta finales de 2011”. El diario subrayó que en su punto máximo, se llegó a “165 mil tropas norteamericanas” estacionadas en Irak (Univisión, 2011).

De ninguna manera esto quería decir que el combate en contra del “terrorismo internacional” había culminado, por el contrario, siempre queda la sensación de que EEUU no quiere seguir repatriando cadáveres de sus soldados muertos por la acción insurgente y mucho menos enfrascarse en un conflicto al parecer destinado a perderlo, a la final, la experiencia y derrota de la ex URSS en Afganistán bajo estas fuerzas rebeldes marca esa posibilidad.

Después de la alianza entre Tawhid al-Jihad y Al-Qaeda en Irak, en el 2006 ésta pasaría a llamarse ISI, Estado Islámico de Irak. Pero en una clara manifestación del manejo estratégico y con la finalidad de “ganar adeptos” y apoyo material y económico, cambian el nombre por ISIS, Estado Islámico de Irak y Siria.

A raíz de asunción de Abu Bakr al-Baghdadi del poder, las operaciones de AQI amplió en Siria, lo que provocó el cambio de nombre de AQI que “El Estado Islámico en Irak y Siria” (ISIS), a veces traducido como “Estado Islámico en Irak y el Levante” (ISIL). La variación en la traducción se deriva de la palabra al-Sham, que se refiere a un área que abarca el sur de Turquía a través de Siria a Egipto, lo que puede ser traducido como “Gran Siria” o “el Levante”. El 29 de junio de 2014, el grupo cambió de nuevo su nombre a simplemente “Estado islámico”, declara un califato y el nombramiento de su líder Abu Bakr al-Baghdadi como califa; exhortó a todos los musulmanes a declarar lealtad al nuevo califato (Stanford, 2014)

No obstante las contradicciones complejas que tienen estos actores con los EEUU, una vez más la CIA los “utiliza” con la finalidad de “cerrar el cerco” en torno al régimen de Siria, de Bashar al-Asad quien venía marcando una seria y preocupante distancia con los EEUU al aproximarse de mayor y mejor manera a Irán, Rusia y otros países no compatibles con las políticas del imperialismo. Desde luego, la CIA y los EEUU apuraron esfuerzos para sostener que Siria apoyaba a los grupos “terroristas” que combatían en Irak y que realizaban acciones violentas en otros países de la órbita estadounidense.

En el 2010, se convierte en el nuevo líder de la organización (AI) y en el 2013 fusiona las milicias de Irak y Siria para dar paso a la brega por conformar un Estado islámico, califato 14 , ubicado en gran parte de los territorios que comprometen Irak y Siria y dirigidos para la rama sunní del islam.

Hay que considerar que los miembros del ISIS han sabido manejar siete elementos esenciales en su táctica ye estrategia para desplegar su campaña de construcción del estado islámico:

  1. 1. Aprovechar de manera acertada y con mucha ventaja la resistencia histórica que tienen el pueblo iraquí y sirio a las potencias de occidente, fundamentalmente de EEUU en alusión a la invasión o intervención en Irak. Este sentimiento “antiimperialista” le provee del suficiente tejido social y los recursos humanos-materiales necesarios para el sostenimiento e su proyecto político no solo en las áreas de ocupación que comprometen aproximadamente 50 mil kilómetros cuadrados y algo más de 8 millones de personas, sino también en el extranjero, de hecho se estima que Arabia Saudí y Qatar de manera informal aportan con ingentes recursos económicos parta el propósito fundamentalista.
  2. 2. Erigir las banderas del califato, como programa de lucha. Esto le ha permitido convocar a una serie de musulmanes de Europa e inclusive de América del Norte que han asistido al llamado a la yihad islámica. Es decir no se quedan en una visión estática o focalizada del estado, que han sabido crear un imaginario internacional en la lucha que propende no solo el reclutamiento en todos lados, sino el accionar violento de sus aparatos en cualquier lugar del mundo. La composición del ISIS en términos de origen es variada, “Según las fichas ocupadas en Sinjar, un 41% de los terroristas extranjeros miembros del ‘Emirato Islámico en Irak’ ostentaban la nacionalidad saudita, un 18,8% eran libios y solamente un 8,2% eran sirios” (Meyssan, 2014) a éstos hay que sumar combatientes franceses, británicos e inclusive asiáticos: “Y ahora aparece un nuevo tipo de yihadistas: los yihadistas chinos. Desde junio de 2014, Estados Unidos y Turquía han introducido en el noreste de Siria cientos de yihadistas chinos traídos incluso con sus familias. Algunos se convierten de inmediato en oficiales. Se trata principalmente de miembros de la etnia uigur, o sea chinos de la República Popular China pero musulmanes sunnitas turcófonos” (Meyssan, 2014).
  3. 3. Haber realizado previamente una campaña de “desgaste” de las fuerzas convencionales-gubernamentales en Irak hasta lograr no su derrota, pero sí un grave debilitamiento. Igual situación ha pasado en Siria, donde atizaron y de hecho en gran parte de la campaña, llegaron a conformar el Ejército Libre de Siria, abiertamente financiado por los EEUU para combatir al régimen de Assad. El desgaste por efecto de la guerra a este régimen ha sido tremendo. Debilitadas las dos posiciones o fuerzas, su implementación ha sido menos compleja de lo que se podría esperar.
  4. 4. Aliarse a los “enemigos” de sus enemigos. Aprendieron de la CIA esa estrategia. No hay duda de que tienen la colaboración del régimen turco que tiene antagonismos con Siria, sobre todo en torno a la posesión de Alepo, antigua provincia turca, hoy parte del territorio sirio. Es precisamente en la frontera entre Siria y Turquía donde se debate actualmente la guerra. Por un lado un importante sector de los kurdos que tienen organización o incidencia marxista en defensa de la localidad de Kobane y por otro lado el ISIS tratando de establecer un puente con los turcos que le faciliten la retaguardia estratégica y las vías de logística.
  5. 5. Manejar el sentimiento independista de la nación turca, quienes tienen un asentamiento: Kurdistán al norte de Siria que si bien es cierto es manejado por los kurdos no son aún un estado independiente. Los kurdos son una de las nacionalidad apátridas más numerosa del planeta (50 millones, aproximadamente) y que se encuentras desperdigados en Irak, Irán, Siria, Turquía, entre otros. Al ofrecer el ISIS territorio, estado, país, identidad a los kurdos musulmanes, ha logrado cooptarlos con alguna facilidad, obviamente, no obstante existir kurdos que se niegan a aceptarlos en la medida que los consideran un instrumento del imperialismo para disgregar a la población kurdo-musulmana y por esta vía tener un mejor control de la región.
  6. 6. Ajustar la campaña propagandística al esfuerzo mediático. Este aspecto es fundamental porque causa muchos efectos. Mostrar videos que reflejan el posicionamiento efectivo en basta poblaciones donde impera la ley islámica bajo la visión del califato ha generado la sensación del triunfo, de la materialización de sus objetivos. Por otro lado está la fuerza y contundencia de sus ataques que son documentados y expuestos en los medios de comunicación internacionales. Es a partir de éste elemento que les posibilita mejorar su radio y convocatoria de reclutamiento y apoyo. Por último, la propagandización de la decapitación de sus prisioneros causa el efecto deseado, temor en sus enemigos y emigración de las poblaciones no afables dejando las condiciones territoriales-sociales para ser re levantadas en su beneficio.
  7. 7. Han sabido generar cierta incertidumbre sobre el real apoyo que reciben desde el extranjero. En la comunidad internacional periférica se ha generado una suerte de inculpaciones y asociaciones de algunos estados con el ISIS abonando a la confusión y al debilitamiento de posiciones para combatirlos.

¿Por qué el ISIS es sunní y no chií?

Atrás del califato se esconde una larga historia de contradicciones entre sunníes y chiíes. Se supone que el sucesor del profeta Muhammad 15 una importante corriente de los musulmanes consideraba que quien debía asumir el liderazgo absoluto de los musulmanes era Bau Bakr. Por el contrario, los seguidores de Alí, primo y yerno de Muhammad consideraban que éste tenía ese derecho, dando paso así a las discordias y antagonismos entre los seguidores de Abu Bakr, Sunníes y de Alí, chiíes.

La diferencia entre uno y otro iba mucho más allá de lo religiosos. El fundamento islámico dice que el califa debe encargarse del problema administrativo, jurídico, organizativo del estado islámico y que el guía o representante espiritual, Imán, era Alí y por consiguiente su sucesor.

Pero la diferencia meta religiosa se encuentra en los comportamientos económicos. Lo Sunníes, practican la sunna, la costumbre y con ella la aplicación más literal y ortodoxa del Corán. Claro, al haber sido escrito, el Corán, en pleno apogeo del feudalismo, tiene ciertas valoraciones en la doctrina que promueve las fibras más íntimas de este estadio histórico: feudalidad. Por el contrario los chiíes se muestran más permeables a la transición a una sociedad más avanzada, desarrollo de las fuerzas productivas y otros.

Al enarbolar las banderas del sunnismo, los ISIS están convocando a lo esencial del pensamiento islámico, a su costumbre y en ella a la reproducción de un modo de producción anacrónico cuyo reflejo de por sí es evidente. Claro, esta reproducción permite a la vez desdoblar los esfuerzos por retomar un régimen productivo, social que permite un proceso de acumulación de riquezas más ágil y con poca o ninguna inversión en capitales y tecnología.

Lo citado enuncia una visión, punto de vista e inclusive un aspecto del ISIS y sus propósitos. Pero hay otro, los intereses de atizar ese conflicto (infra religioso) por parte de los EEUU.

Thierry Meyssan (2014) en su artículo “El regreso del plan yanqui de rediseño del Medio Oriente ampliado” sugiere la subsistencia del ISIS como parte de una campaña de los EEUU por debilitar la región y generar “micro estados” que le permitan un mejor control de la misma. La ponencia de Meyssan (2014) incluye también la estrategia estadounidense de propiciar la emigración de la población palestina de Gaza, la “limpieza étnica” de Irak con la participación del Estado Islámico de Irak, de los kurdos pro israelíes y de miembros del antiguo partido Bass de Irak separados del poder en el 2003.

Está claro que la pretensión de crear el Estado Islámico puede, circunstancialmente-responder a la necesidad de aupar en su seno a una corriente económica, política, social y religiosa que tiene cierta identidad y que prevalentemente es apátrida, los fundamentos religiosos que han tratado de imprimir a sus luchas en alguna medida han dado resultado por la capacidad de convocatoria en el propósito.

No se pretende analizar, justificar o cuestionar los métodos violentos de los miembros del EI o ISIS en la medida que la guerra por sí es cruenta, un objetivo de ésta, como ya se lo citaba a Causewitz, lo que pretende es imponer la voluntad de unos sobre otros, y que nadie, absolutamente nadie en la humanidad tiene la capacidad de “lanzar la primera piedra” para criticar la violencia de los adversarios cuando recientemente la humanidad asistía a una brutal agresión de Israel al pueblo Palestino generando iguales o peores horrores a los que hoy se vive en Siria e Irak.

Si los EEUU definitivamente están atrás de todo este proceso, tampoco sería raro, pues no sería la primera vez que impulsen aventuras guerreristas de ese formato, aún a sabiendas del riesgo que conlleva aliarse a los “enemigos de sus enemigos” con tal de conseguir sus propósitos de seguir manteniéndose como la potencias imperialista única.

Conclusiones

No se pretende analizar, justificar o cuestionar los métodos violentos, en la medida que la guerra por sí es cruenta, un objetivo de ésta, como ya se lo citaba a Causewitz, lo que pretende es imponer la voluntad de unos sobre otros, y que nadie, absolutamente nadie en la humanidad tiene la capacidad de “lanzar la primera piedra” para criticar la violencia de los adversarios cuando recientemente la humanidad asistía a una brutal agresión de Israel al pueblo Palestino generando iguales o peores horrores a los que hoy se vive en Siria e Irak.

Está claro que las guerras, conflictos y violencia por sí solas no son nada, que en esencia responden a definiciones ideológicas y decisiones políticas. Está claro que la guerra puede tener varios eufemismos que solo pretenden, vanamente, esconder sus verdaderos propósitos. Guerras religiosas, guerras imperialistas, colonialistas, de liberación nacional, revolucionarias, como quieran llamárselas y como quiera ajustárselas a estadios concretos, siempre, siempre, tienen una razón de peso marcada por el interés de una clase, nación, estado o potencia por llevar adelante el cumplimiento de su ideario y programa político, fiel reflejo de sus intereses.

Hay guerras justas y hay guerras injustas. Sin duda alguna, cuando las guerras justas imperen y con ellas se borren las críticas condiciones de vida material de los humanos que son las generadoras de los antagonismos sociales, la guerra quedará archivada en los viejos anales de la historia, mientras tanto, la justeza de una guerra será siempre la salida expedita que contrarresta a la imposición de los mercaderes de las guerras injustas.

Un aspecto que es importante considerar es que precisamente ahí, donde las sociedades no han logrado rebasar o transformarse dejando atrás modos de producción y relaciones de producción precarias, donde la pauperización social, las inequidades y la sobre explotación campean, la religión podrá ser utilizada como argumentos para arrastrar a las masas a vivir un despropósito religiosos que se entiende, más allá del carácter embriagador que tiene ésta, la posibilidad de la paz, la armonía y el buen vivir.

No hay musulmanes violentos o terroristas. Cuando un musulmán se encuentra con su prójimo lo primero que se dicen es salam aleikum, la paz sea contigo, la pronta respuesta no se deja esperar, aleiukum salam, contigo sea la paz. Esa es la esencia del islam.

Cuando alguien asesina, se inmola, comete un atentado terrorista no lo hace porque sea musulmán, lo hace porque es precisamente eso, un terrorista, un violento. Cuando Obama decide atacar Irak no lo hace porque sea católico, o protestante, lo hace porque su naturaleza imperialista le dicta o manda a hacer, su condición religiosa en ese propósito es indiferente. Cuando Netanyahu ordena a sus tropas demoler Gaza, bombardear civiles, no lo hace porque sea judío o hebreo, lo hace porque es sionista y responde a sus intereses. Es lo que hay que considerar, es lo fundamental que se debe observar en cualquier conflicto.

Esto analizado desde el punto de vista de los intereses de cada país, y de cada región que responde a su situación cultural. Pero no necesariamente lo correcto frente a millones de personas que han quedado en la más profunda soledad.

Las guerras no solo aniquilan personas, estas se encargan de arrasar a todas sus generaciones, se llevan consigo gran parte de la esperanza que hoy funciona en relación de sus intereses, pocos, pero suyos, salvar y conservar sus vidas para seguir buscando la añorada libertad de permitirles ser y sobre todo, de crecer para fomentar paz, educación, cambios latentes y urgentes. Han pasado siglos y no hay un sabio poderoso que de un final, que permita un nuevo inicio.

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Notas

1 Las cruzadas se constituyeron en un desesperado esfuerzo de la Iglesia Católica por recuperar los espacios territoriales, económicos y políticos que conquistaron los árabes bajo la figura o los estandartes del islam. Si bien es cierto, las cruzadas representaban al catolicismo y al cristianismo, el esfuerzo imperial de los árabes se simplificaba en el movimiento musulmán que se acrecentaba de manera precipitada a partir del siglo VIII. “28 de noviembre de 1095, en el concilio de Clemont, el papa Urbano II llama a la cristiandad para luchar contra el infiel musulmán, se proclaman indulgencias para todo aquel que acuda a la guerra santa contra los musulmanes también se advierte que hay de aquel que se apropie, que se adueñe de los territorios que dejen los caballeros que vayan a luchar contra los árabes, por que sin duda alguna serán excomulgados” (Cebrian, 2010).

2 Mahatma Gandhi, abogado indio. Formado por los ingleses. Apoyado en su religión, hindú, impulso un movimiento de masas contestatario y desobediente a los mandatos ingleses mientas la India fue colonia de Gran Bretaña. Profesaba la paz, sin embargo su figura ha sido seriamente cuestionada pues se le acusa, entre otras cosas, haber favorecido los intereses de Inglaterra en su país y la región no obstante haber aportado en la independencia de la India. AL respecto, la independencia se la ha querido mostrar como obra de su actitud y pacifismo, no obstante poco o nada se dice que análogamente a las convocatorias de Gandhi a la desobediencia civil el “Ejército Nacional Indio” aportó con la cuota de violencia que precipitó la salida (simbólica) de los ingleses. A Gandhi se lo acusa de haber propiciado violencia en contra del pueblo Zulú, de haber colaborados con los nacis en la Segunda Guerra Mundial y otras acusaciones de fácil exploración en las redes.

3 Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz, (1780-1831) fue un militar prusiano, uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar. Sus obras, entre ellas y la fundamental: De la Guerra, ha sido estudiada y aún es el libro de cabecera de los ejércitos actuales.

4 Las guerras de la religión de Francia. Fueron conflictos que se desarrollaron entre 1562 y 1598 en Francia, entre católicos y protestantes calvinistas. En el fondo era una guerra entre los católicos conservadores y los reformistas.

5 “La voluntad de Dios”. Es en esos términos que se ha venido manejando la decisión de los gobernantes sobre el quehacer de las masas, de los pueblos en todas las religiones. El determinismo como acción social.

6 Moros. Objetivamente esta palabra viene del norte de África y que hacía alusión al pueblo bereber y a los colonos fenicios y griegos, sin embargo el término: Moro, era utilizado por los españoles para referirse a los musulmanes, independientemente de su nacionalidad. Claro, el término era racista, peyorativo.

7 Seyúcidas, dinastía turca de los siglos XI-XIII que dominaron las regiones que hoy corresponden a Irak e Irán.

8 Shá Reza Pahlavi. Nació en Teherán en 1919 y murió de cáncer en El Cairo en 1980. Gobernó Irán con mano dura. Era el principal aliado de EEUU en la región. Pretendió realizar reformas democráticas tratando de abolir los remanentes feudales en Irán bajo el amparo de un proyecto conocido como la “Revolución blanca”. Si mayor éxito profundizó una carrera armamentista que generó muchas críticas y descontento al interior de Irán. Su régimen agudizó las condiciones para que se precipite la revolución Islámica liderada por el Ayatola Jomeini.

9 Libro verde de Gadafi. La obra de Gadafi expuesta en tres volúmenes escritos entre 1975 y 1981 no deja de ser un interesante ejercicio democrático que da –en el texto-prevalencia a las decisiones populares, a la organización de la sociedad en comités populares, una versión musulmana del socialismo con rasgos nacionalistas. Hay que recordar que Gadafi era chií, de ahí sus concepciones progresistas y antiimperialistas reflejadas en su obra.

10 la Guerra Fría. Término con el que se llamó a la sostenida contienda entre los EEUU y la ex URSS. Las contradicciones de índole ideológica, política, filosófico y económico entre estas dos potencias generó un conflicto sostenido en todos los ámbitos. Se dio origen después de la Segunda Guerra Mundial y en muchas ocasiones tuvo a la humanidad al borde de una tercera guerra mundial. La particularidad de este conflicto es que tanto la una como la otra potencia mundial utilizaron a terceros y cuartos países para confrontarlos y tratar de dirimir ahí sus contradicciones o fortalecer sus planes de hegemonía mundial.

11 Talibán, talibanes. De pashtún (afgano) que quiere decir estudiante o aprendiz. Se refiere a quienes se inician en el estudio de El Corán, sin embargo es un término utilizado para identificar a los combatientes que expulsaron a los soviéticos de Afganistán y que ahora luchan por retomar el Poder e implementar un régimen teocrático islamita.

12 La yihad, cuya traducción es esfuerzo hace alusión a la necesidad de ser consecuentes con la sunna o tradición del Islam. Se refiere básicamente a la defensa de los preceptos religiosos y su aplicación, empero ha sido utilizada como la convocatoria a la “guerra” musulmana, a la difusión violenta de esta religión.

13 La desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS se dio a raíz de la perestroika y el glasnost implementado por Mijail Gorvachov entre 1990 y 1991.

14 Califato. De califa, sucesor. Se entiende que es la organización del Estado y un sistema de Estado bajo los preceptos religiosos del Islam. ERl cuerpo legal tiene su fundamento en la jurisprudencia islámica conocida también como la sharia.

15 Muhammad. Su nombre completo en lengua árabe es Abu l-Qāsim Muḥammad ibn Abd Allāh al-Hāšimī al-Qurayšī y conocido vulgar o erróneamente como Mahoma.

Notas de autor

1 Magíster en Literatura Infantil y Juvenil. Diplomado Superior en Pedagogías Innovadoras. Licenciada en Ciencias de la Educación, especialización educación de adultos. Se ha desempeñado como docente en algunas instituciones de educación media y superior. Escritora de varios textos escolares en el área de Lengua y Literatura.

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